Entrevistamos a nuestros profesores de Danzas Vascas y Coro Vasco, quienes como cada año jugaron un papel clave en el éxito de las jornadas: Maitane Uribe y Henry Wilson. Aquí nos cuentan los desafíos que surgieron y sus expectativas para estas dos disciplinas.
En sus 12 años de historia, la Semana Vasca se ha consolidado como un espacio de encuentro por excelencia entre las socias y socios de nuestra Colectividad, la comunidad vasca residente, especialistas en distintas manifestaciones culturales y autoridades del Gobierno Vasco.
El espacio, que no cesó ni en los años de pandemia (en 2020 y 2021 se celebraron ediciones virtuales), se ha afianzado también como un puente cultural que permite que tanto otras colectividades del Estadio Español como agrupaciones y público externo puedan conocer y apreciar la riqueza y diversidad de Euskal Herria.
Como cada año, el éxito de estas jornadas está muy vinculado con un duro trabajo previo de parte de la directiva, las socias y socios colaboradores y, por supuesto, de quienes están detrás de la labor de seleccionar repertorios y pulir las rutinas de los cuerpos artísticos mediante el estudio y el ensayo constantes: nuestros irakasleak o profesores de taller, quienes están a cargo de las actividades que se celebran de forma transversal a cada Semana Vasca.
Maitane Uribe preparó por primera vez una Gala de Danzas Vascas, presentando bailes e información detallada de manifestaciones artísticas de todas las provincias del Hegoalde (parte sur, asociada a España) y parte del Iparralde (zona norte o País Vasco francés), ofreciendo en total 17 coreografías con imágenes de lugares emblemáticos, retratando así el tema de la Semana Vasca 2024 “Lugares de Ensueño de Euskal Herria”. Entre los esfuerzos también se encuentra el primer Suletino (o Zuletino) en la historia de la Colectividad, con diversidad de coreografías y atuendos. Nuestra socia Paula Solas apoyó intensamente la confección de vestimentas y accesorios.
Por su parte, como primer año a cargo del Coro Vasco, Henry Wilson ha debido adentrarse en tiempo récord en el repertorio tradicional vasco, misas en euskera e instrumentos vascos como la trikitixa —cualquiera se sorprende al ver esta especie de acordeón diatónico sin teclado, que lo siguió hasta sus vacaciones de verano— y el txistu y tamboril, que tocó por primera vez en un evento de este tipo nuestra socia Paulina Casanova. El desafío para Henry fue mayor, al ser director en paralelo de otras de las agrupaciones que se presentaron en el XI Encuentro Coral.
Pedimos a ambos contestar un breve cuestionario para conocer más sobre su experiencia profesional o como cultores de la tradición vasca, cuáles fueron sus desafíos y qué proyectan para las próximas presentaciones. Empezamos con Maitane.

Foto: Estadio Español de Las Condes.
1. Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria en la danza vasca.
Soy dantzari desde el 2006. Comencé bailando en la Euzko Etxea de Santiago, de donde me retiré en 2010 para continuar bailando por mi cuenta. En 2011 y 2012 fui profesora de los tres colegios de la Fundación del Padre Kepa Bilbao en Reñaca Alto, donde estudian muchos alumnos en riesgo social y se realiza una labor muy importante de integración mediante diversos talleres. En 2012 comencé a participar de la Colectividad Vasca de Chile para luego formalizar mi situación como profesora de un naciente grupo de Euskal Dantza, labor que continúa hasta el día de hoy. A lo largo de mi carrera como Euskal Dantza Irakaslea, he formado a más de 50 dantzaris, desde niños hasta adultos mayores, ya que uno de mis objetivos como profesora es mostrar que la danza vasca es para todos.
Gran parte del tiempo he estudiado danza vasca de manera autodidacta, buscando referencias en Internet, tanto en libros como en videos. En julio de 2014 tuve la oportunidad de participar del programa Gaztemundu, el cual en esa oportunidad estuvo orientado a formar directores de cuerpos de danza vasca. Fueron dos semanas con clases intensivas de Euskal Dantza, donde aprendimos bailes de las siete regiones de Euskal Herria. Pude vivir en plenitud la cultura vasca, participando de erromeriak (romerías) y diferentes festividades que se realizan en Sanfermines. Uno de los mayores aprendizajes que recibí allá es que si queremos sentir a Euskal Herria en la diáspora, debemos buscar nuestras raíces en su origen, para así poder motivar a nuevas generaciones a continuar nuestra labor de difusión.
2. ¿Cuál es para ti el rol que tiene la práctica de la danza en la tradición de los euskal etxeak y el valor de representarla en una Semana Vasca?
La cultura vasca es muy rica en todos sus aspectos: danza, idioma, música, deportes, gastronomía y tradiciones. Ir comprendiendo y entrelazando toda esta gama cultural, genera un entendimiento completo de esta misma, ya que todo está relacionado. Por ejemplo, mis leves conocimientos de euskera me han ayudado a entender la lógica vasca de hacer las cosas, facilitando mi aprendizaje de danza vasca.
Mucha gente cuando me conoce me pregunta cómo es el baile vasco. Por supuesto que la respuesta no es sencilla: la Euskal Dantza no se puede definir con una palabra o con un baile de “ejemplo”, ya que existen tantas danzas como valles y costas hay en Euskal Herria. Por esta razón es que para mí es primordial que al mostrar nuestras danzas se entienda su contexto e ir abarcando las siete regiones y sus tradiciones. Así, todos pueden sentirse identificados con el pedacito del pueblo vasco que los representa.
Contar con bailes vascos en una semana vasca es la manera de hacer visible y tangible la euskal kultura. Es traer un pedacito de nuestra amada Euskal Herria para que todos puedan difrutarla. ¿Cómo no realizar un tradicional “Aurresku” para dar comienzo a la celebración y homenajear a los presentes? ¿O perdernos la oportunidad de que todos nos acompañen bailando una divertida “Polka Pik”?
3. ¿Cómo evalúas el desafío de preparar por primera el Suletino en la Colectividad?
Honestamente, fue una misión hermosa, pero muy compleja, que me llevó semanas de estudio intensivo. La Mascarada Suletina es más que solo un baile, es una representación teatral que va recorriendo cada pueblo, atrayendo a todos con distintos actos hacia la plaza principal para mostrar el espectáculo final. Cada año es un pueblo distinto el encargado de llevarla a cabo, por lo que existe infinidad de variaciones en los actos, danzas, pasos de baile y personajes involucrados. Por eso, al momento de elegir debí ser muy cuidadosa en armar un show representativo y apegado a las tradiciones.
Técnicamente, lo considero un logro inmenso. Puso al máximo mi capacidad de entendimiento de la danza y ni hablar de la ejecución. Fueron semanas de arduo ensayo. Cada personaje de la mascarada tiene una personalidad, la cual va ligada a sus pasos, por lo que no fue sólo enseñar una coreografía y ensayar pasos: debí lograr que las dantzaris comprendieran su personaje para interpretarlo adecuadamente y así dar una puesta en escena a la altura de un espectáculo como éste.
Y mientras hacíamos todo esto, recorríamos todo Santiago buscando los materiales para nuestras vestimentas, y luego, días y noches completos decorando y armando todos los implementos que portan nuestros personajes. Debo destacar el inmenso trabajo realizado por Paula Solas, quien a pesar de no participar bailando en la mascarada, estuvo eternas horas cosiendo nuestros atuendos para que quedaran perfectos.
La misión no ha terminado aún. Quiero representar completa la Xiberoko Maskarada (como es su nombre en euskera suletino), con todos los personajes: alcalde, afiladores, herreros, trabajadores del pueblo y un gran etcétera, involucrando a todo el cuerpo de baile y a la Colectividad Vasca, e ir recorriendo distintas ubicaciones hasta llegar a un escenario principal para el show final, tal cual como si estuviéramos en algún pueblo en Zuberoa presenciando esta gran obra.

A continuación, compartimos las respuestas del profesor Henry Wilson.
1. Cuéntanos un poco sobre tu experiencia en dirección coral e interpretación musical.
Yo soy profesor de música y como parte de nuestra formación está la cátedra de dirección coral, que es una línea del plan de pedagogía. Posteriormente, me formé como director de orquesta a través de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, que es la FOJI, y eso me ha permitido también ampliar mis conocimientos en relación a la dirección de orquesta y dirección coral, que tienen similitudes.
He dirigido algunos conjuntos, como el Coro de la Catedral Ortodoxa y, en el Estadio Español, la rama de folklore chileno y muchas otras agrupaciones de música tradicional y coral. En este momento estoy dirigiendo el grupo del Coro Asturiano, el grupo de la Rama de Folklore Chileno, el conjunto de los Años Sabios y el grupo coral de la Colectividad Vasca.
2. ¿Cuál es tu apreciación al haberte integrado como director y profesor de coro de la Colectividad hace menos de un año?
Siempre es un desafío y al mismo tiempo una motivación poder comenzar a trabajar con un nuevo grupo. El que me hayan propuesto dirigir el coro de la Colectividad Vasca, que ya estaba formado y que venía trabajando hace un tiempo con expectativas de ir siempre mejorando su desempeño, es algo que me entusiasma mucho. Recibo con mucha alegría poder hacerme cargo de un grupo que tiene esa calidad y esa expectativa.
Yo me estoy poniendo al servicio de lograr que esta agrupación coral pueda llegar al mejor desempeño posible y eso significa un trabajo permanente, planificado, organizado y disciplinado para poder llegar a los objetivos que nos hemos planteado, que es trabajar con una agrupación coral, mixta y con división de voces. Es una tarea que requiere tiempo, seriedad, concentración y disposición, y todos estos son aspectos que he encontrado en la agrupación de la Colectividad Vasca.
3. ¿Cómo ha sido tu proceso de acercarte a la música vasca, después de dirigir varios coros de otras colectividades? ¿Hay algo que hayas tenido que estudiar para ello y qué sería para ti lo más complejo?
Aquí sí hay un reto grande. Anteriormente mencioné que dirigir una nueva agrupación coral es un desafío, pero acá hay un doble aspecto, en relación a que además es el coro de una colectividad que está representando la identidad del País Vasco, y eso requiere un repertorio específico que está asociado a la cultura y la identidad de esa zona y que, por supuesto, gran parte de él debe ser interpretado en euskera, que es uno de los idiomas más complejos que hay en el mundo entero. No ha sido fácil, pero hay que prepararse. Hemos trabajado en algún momento con el profesor de euskera, que nos va ayudando en la corrección de la pronunciación de los textos. Eso es muy importante para poder representar de buena manera la identidad y la cultura musical del País Vasco.
4. ¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?
Las expectativas las hemos ido construyendo en conjunto. Yo estoy al servicio de los objetivos que se planteen en el coro y debo poner todos los recursos que tengo —musicales, técnicos y de manejo de grupo— para llegar de la mejor manera a ese objetivo, que es a un mediano plazo poder interpretar un repertorio que sea representativo de la identidad y la cultura del País Vasco, con una interpretación de la mejor manera desde el punto de vista musical, de la pronunciación del texto y del repertorio.
Yo creo que uno de los objetivos que tenemos de aquí a 2025 es poder tener un repertorio con estas características, tanto de la música popular como de la música sacra. Las personas que pertenecen al coro tienen toda la disposición y todas las ganas para poder llegar a ese objetivo, y eso ya me lo han demostrado al poco andar este año. Ya hemos tenido algunos logros, y eso es muy motivador para quien está dirigiendo. Y también debe serlo para las personas que participan, así que tenemos muchas expectativas para este coro de la Colectividad Vasca.