En esta edición de Euskal Ahotsa, dedicada a la memoria histórica, compartimos seis motivos para leer (o releer) esta novela que fue seleccionada para la última edición de la lectura ininterrumpida de clásicos en el Teatro Arriaga de Bilbao, y en la cual participaron decenas de estudiantes de la diáspora vasca.
Bilbao-New York-Bilbao es la novela debut y una de las más premiadas de Kirmen Uribe Urbieta, periodista, poeta y narrador ondarrutarra. El relato entrelaza las historias de tres generaciones del autor, que son alegoría y parte de la historia de Euskadi del último siglo: un pueblo estrechamente conectado con el mar, prolífico en creación artística e ineludiblemente marcado por la guerra civil y sus efectos. Es, además, recordatorio y síntoma del desapego de la tradición frente a una globalización acelerada que, paradójicamente, permite este ejercicio de valoración por intermedio de la universalidad de las letras.
Reseñar el relato en pocas líneas es un ejercicio infructuoso porque no sigue una o dos premisas, respondiendo más bien a la estructura de un viaje: un recorrido por la memoria popular, cultural e histórica como trasfondo para la reconstrucción de una esquiva historia familiar. Con un viaje a Nueva York como telón de fondo, donde Uribe ofrecerá una conferencia, acompañamos al autor en un viaje tanto físico como simbólico en el que nos adentramos en su proceso editorial, compaginando el relato a partir de evocaciones, decisiones creativas y fuentes, mientras le escoltamos en la contingencia de aduanas y transbordos.
En las siguientes líneas haremos el intento de clasificar los principales motivos por los cuales recomendamos iniciar, retomar o releer este clásico, desde la forma en que está escrito hasta los temas y conexiones que explora, buscando abarcar lo más posible, pero todavía dejando mucho afuera.
Uno: el autor y la obra
Publicada en euskera en 2008, Bilbao-New York-Bilbao no tardó en recibir reconocimientos. Ese año obtuvo el Premio del Gremio de Libreros de Euskadi y el Premio de la Crítica de Narrativa en euskera —que volverá a recibir en 2016 con La Hora de Despertarnos Juntos (Elkarrekin esnatzeko ordua)—. En 2009 la obra fue publicada en castellano y galardonada con el Premio Nacional de Narrativa, sumando a Uribe a la lista de autores vascos reconocidos en esa instancia, junto a Bernardo Artxaga, Unai Elorriaga y Fernando Aramburu. El libro se volvió un ícono de la literatura contemporánea de Euskal Herria.
Licenciado en Filología Vasca de la Universidad del País Vasco y con estudios de posgrado en Literatura Comparada en Trento, antes de iniciar su veta narrativa Uribe ya era conocido como poeta, ensayista, traductor literario, letrista, guionista y escritor de literatura infantil. Varios de los poemas que figuran en la novela se pueden encontrar en Internet antes de 2008, junto con videos de su participación en recitales de música y poesía. Sus artículos y columnas se publican hasta hoy en El País, con contribuciones periódicas en The New Yorker y otros medios de comunicación.
El ambiente cosmopolita se puede percibir en las páginas de la novela, en veladas en Nueva York con académicos, poetas, editores y cineastas, o en la tienda familiar en la playa, frecuentada por músicos, pintores, arquitectos y hasta astrónomos, todo combinado con la cultura y la historia de las artes vascas, que se entretejen en la historia de la familia Uribe. La internacionalización sigue con su novela de 2012, Mussche (Lo que mueve el mundo), fue la primera novela escrita en euskera en ser publicada en China. En 2011 recibió el Premio de Periodismo de El Correo, consagrando también su carrera profesional.
Traducida a 15 idiomas y a 16 años de su lanzamiento, Bilbao-New York-Bilbao fue seleccionada en 2024 para la XVII edición de la lectura ininterrumpida de clásicos, organizada por el Euskaltegi Bilbo Zaharra, un reconocimiento y consagración de la obra como ícono cultural. En su lectura participaron alrededor de 50 estudiantes de la diáspora, enviando sus videos.
Dos: un relato emotivo, personal y universal
Bilbao-New York-Bilbao presenta la indagación de Uribe alrededor de pasajes perdidos de la historia familiar, en una carrera por recoger historias humanas y construir un relato de interés universal. Su padre José y su abuelo Liborio fueron pescadores, hombres que escasamente hablaban sobre sus asuntos. El autor entonces recurre a entrevistas con parientes, colegas, vecinos, amigos y a sus propios recursos, construyendo un cuadro coherente que revela historias, anécdotas y desventuras y recuerda la relevancia de la tradición marítima de Ondarroa y los pueblos de la costa de Euskadi en general.
La investigación nos lleva por soportes tan diversos como pinturas, correos electrónicos, video CDs, cortometrajes de 16 milímetros, correspondencia entre personajes, extractos de libros, entradas en la web y relatos de viaje, que ayudan a construir una imagen vívida del relato central, así como de la tradición popular, cultural e historia política reciente del pueblo vasco. Con desvíos razonables, conocemos las vivencias y anécdotas de una multiplicidad de personas, al parecer inconexas, pero hiladas de algún modo por el mar, el oficio marinero o por el trasfondo cultural e histórico de la obra.
En las primeras páginas, conectaremos con los enigmas detrás del nombre del Dos Amigos, el barco de su abuelo Liborio, y de su interés personal por un mural del pintor vasco Aurelio Arteta, en la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que iremos revisitando a lo largo del texto. Conoceremos también los altibajos del Toki-Argia (lugar luminoso), en el que el padre de Kirmen fue uno de los pioneros ondarrutarras en embarcarse hacia el Atlántico Norte, cerca del peñón de Rockall, en una profesión dura en la que muchos han perdido la vida.
Tres: un recorrido por la riqueza artística de Euskadi
Bilbao-New York-Bilbao no es sólo una narración tejida por hebras familiares sino también un conjunto de tramas conectadas por las artes y la historia occidental del siglo XX. El autor acostumbra a alternar el relato con menciones oportunas a episodios de la historia del arte, sus facetas humanas y su propio pensamiento, que contextualizan y enriquecen la historia. Encontramos análisis detallados de obras de la tradición pictórica vasca y universal, pasando por la Ondarroa de los impresionistas, además de críticas sobre la originalidad y el agotamiento en el movimiento cubista, reflexiones sobre los límites y sacrificios de la fama y opiniones sobre la situación actual de la literatura vasca.
A lo largo de la novela, conocemos las historias de un sinnúmero de artistas y cultores vascos, tales como músicos, deportistas, rederas, patrones de pesca, escritores, políticos, criadores de pájaros cantores y maquetistas navales, que representan la perfecta combinación de la tradición y modernidad de Euskal Herria. La mayoría personajes con nombre y apellido, al parecer en nada afectados por el relato con licencias de ficción que propone Uribe. Es así como llegamos al pintor costumbrista Aurelio Arteta y a su larga relación de amistad y trabajo con el arquitecto Ricardo Bastida.
Arteta, conocido históricamente como quien rechazara el encargo de inmortalizar la masacre de Gernika para el pabellón de la República en la Exposición Universal de París (que luego realiza Picasso), y Bastida, ideador, entre otras obras, de la ex Alhóndiga Bilbao (hoy Centro Azkuna) y del plan de extensión de la ciudad hasta la desembocadura del Abra en 1923, son recordados en conjunto como responsables de los frescos y el diseño arquitectónico del ex Banco de Bilbao en Madrid. Conectados de forma poco convencional con la familia Uribe, ambos acompañarán el relato.
Cuatro: los paisajes de Euskadi son protagonistas
La novela de Uribe Urbieta es, al mismo tiempo, la ampliación del horizonte de Ondarroa hacia Euskadi, Europa y América y la puesta en valor de estos símbolos por parte de la lectora y el lector universal. Leer esta novela es dar vida a la postal de los barcos del pueblo y municipio de Ondarroa, acudir en recuerdos vívidos a festividades locales y observar la tradición pajarera de Bilbao y la de los maquetistas de Ondarroa; es trasladarse junto con José Uribe a las aguas tormentosas del Atlántico Norte, recorrer los litorales de Bizkaia, Gipuzkoa y Lapurdi y abrirse camino entre puertos, embarcaderos e islas remotas.
Entre las locaciones del imaginario marítimo-fluvial que visitamos, y que dan sustancia y emotividad a la historia, están la desembocadura del Nervión, la cala de Sagustán en Lekeitio y el viejo puente de Ondarroa, símbolo de las artes y del mundo que se desmoronó junto con la guerra civil y donde Uribe hace gala de cómo conectar puntos. Como historia de mar, el cuadro de protagonistas se completa con una amplia variedad de peces y fauna marina, que contextualizan y relevan el oficio local: la angula, el cormorán, el atún y los peces voladores son parte de las especies que acompañan la lectura.
Cinco: la composición de la obra
Bilbao-New York-Bilbao abunda en gestos y analogías a la vez emocionantes e intelectualmente interesantes. Basta con leer las primeras dos páginas para notar la coherencia y la calidad alegórica del relato (un buen ejemplo de cómo iniciar una obra narrativa). No es en apariencia una historia formulística, funcional, arrancada del automatismo de una técnica compositiva estudiada, sino un relato profundo, nacido de un genuino interés y bagaje cultural. Se advierte en el autor un lector asíduo, consciente del efecto de cada decisión, aunque se trate de su primera novela pública.
Con casi 200 páginas, Bilbao-New York-Bilbao es una lectura amena, rápida y entrañable, construida como un mosaico de recuerdos y anécdotas con trasfondo histórico intercaladas con la investigación oral y documental de Uribe, donde lo único lineal es el viaje. Como resultado, se crea una obra orgánica, emotiva y rica en matices, que son testimonio de casi un siglo de la historia moderna de Euskadi y de las artes vascas. Es un lujo así, por ejemplo, leer sobre la historia de Salida de las lanchas botineras en el Cantábrico, de Darío de Regoyos, o El puente, de Aurelio Arteta.
Uribe aprovecha el potencial de la autoficción, una estrategia narrativa que toma licencias sobre el material, manteniendo la consistencia propia de la vida como telón de fondo. Es así como, a priori, no podemos saber qué conversaciones, personajes o secuencias son exactas —no sabemos siquiera si el viaje a EE. UU. existió como tal o de cuál de ellos se trata—, pero encontramos una reflexión interesante del “Kirmen personaje narrador” sobre cómo opera y muta la memoria de las familias y los pueblos en favor del sentido —acaso un pase intencional para que el “Kirmen autor” avance sin detención.
Seis: el contexto histórico y una alerta sobre la desaparición de las tradiciones
Es imposible relatar una historia que transcurre casi completamente en la Euskadi del siglo XX sin toparse con los sucesos de la guerra civil y las décadas posteriores. En numerosos relatos, el autor retrata las vivencias de una nación marcada por el enfrentamiento. Comunidades completas se vieron envueltas, desde lo más práctico hasta lo más trágico, en un evento masivo que no dejó a nadie sin afectación, sea por medio del reclutamiento militar, la acción política, el desplazamiento forzoso, el exilio de ultramar o la pérdida irremediable de íconos culturales.
La fractura civil obligó a la generación de Liborio, el abuelo de Kirmen, a tomar partido en una lucha fraticida que no excluyó ni a primos ni a vecinos, y que llegó hasta el seno de las familias Arteta, Bastida y Uribe, permeando hasta quienes crecieron en esa época, como su padre José, arrastrados por la convulsión del entorno familiar y local. La de Kirmen es una historia post franquismo y más propia de las últimas décadas del siglo, pero en plena época de actividad de la ETA. Con el paso de los años reconocerá el poco tiempo de paz que ha podido ver a su propia generación.
La novela no sólo es una bisagra entre los mundos de pre y postguerra sino también entre la tradición y el advenimiento de la modernidad a un pueblo de pescadores o arrantzaleak. Un oficio que se ha desdibujado, cambiando las cartas de navegación (a veces hechas a mano) por versiones electrónicas y abrazando la inmigración para desacelerar el declive del oficio. Una pérdida que también se puede aplicar a los gestos y expresiones transmitidos por nuestras abuelas y abuelos. Entre las ganancias, sin embargo, reconocemos los avances del mundo globalizado hacia un trato más humano e inclusivo.
Palabras en euskera en esta lectura:
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Imagen: Pintura “En la romería 1”, de Aurelio Arteta. Fuente: Museo de Bellas Artes de Bilbao. |
Por Pablo Casanova Ponce de León
Periodista y editor de Euskal Ahotsa